POV: SigridEl dedo de mi hijo, firme e implacable, apuntaba directamente a Astrid, que se encontraba sentada a un costado de la mesa principal, petrificada por el terror.El Gran Comedor, que ya había sido despojado de oxígeno por las discusiones previas, se sumió en un silencio de tumba. Las miradas de todos los presentes, desde los aguerridos mercenarios del norte hasta los estirados lores del sur, viajaron desde el pequeño híbrido de cinco años hasta la actual esposa de Einar.—¿Qué... qué insolencia es esta? —tartamudeó Astrid, poniéndose de pie de un salto. Su silla de made
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