La loba blanca ni siquiera parpadeó. Con una explosión de velocidad que desafiaba la vista humana, Sigrid desapareció de su posición. El fuego impactó contra un árbol podrido, haciéndolo estallar en astillas ardientes. Antes de que el hechicero pudiera comprender que había fallado, una mancha de pelaje blanco y luz dorada apareció a su costado.Las mandíbulas de Sigrid, del tamaño del torso de un hombre, se cerraron sobre el brazo del hechicero que sostenía el bastón. El crujido de los huesos triturados fue ensordecedor. El hombre gritó, pero Sigrid giró su inmenso cuello con violencia, arrancándole el brazo de cuajo y arrojándolo al lodo.Al mi
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