POV: Narradora OmnipresenteLa tormenta en el exterior de la cueva rugía con una furia descontrolada, un coro de truenos y vientos huracanados que chocaban contra la roca viva de las montañas verdes del Este. Sin embargo, dentro de la caverna, la atmósfera era de una quietud tan densa y asfixiante que casi se podía masticar.El fuego que Miko, el líder de los soldados de la Casa del Este, había logrado encender con ramas húmedas, parpadeaba débilmente, arrojando sombras largas y deformes contra las paredes de piedra. Los dos soldados sobrevivientes dormitaban, vencidos por el agotamiento físico y el terror mental de haber atravesado un laberinto mágico y un campamento de brujas. Sus espadas descansaban a escasos centímetros de sus manos, inútiles contra los verdaderos monstruos que habitaban su realidad.Astrid no podía dormir. Estaba sentada sobre una piedra plana, lo más lejos posible de la entrada, con las rodillas pegadas al pecho y su mano vendada latiendo con un dolor punzante.
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