La lista de invitados que Ximena escribió un martes por la noche, sentada en el cuarto de trabajo con el café que ya se había enfriado y con Sebastián revisando contratos en el sillón lateral, tenía la calidad de los documentos que producen, sin proponérselo, la evidencia completa de algo que solo se vuelve visible cuando se pone por escrito.Empezó con Claudia, que llegaría desde Monterrey el jueves anterior a la fiesta para tener tiempo de instalarse con la calma que siempre traía consigo. Siguió con Patricio y Andrea, que volarían desde Hermosillo el sábado por la mañana, con Patricio insistiendo por teléfono en que no necesitaban quedarse en el penthouse, que el hotel
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