Ximena respondió el mensaje de Alejandro Mora a las once y diecisiete de la noche, desde la habitación del hotel en Guadalajara, con la lámpara de la mesita encendida y Sebastián sentado en el borde de la cama leyendo el mensaje por segunda vez sobre su hombro.La respuesta fue breve, porque los mensajes de Alejandro habían establecido desde el principio que la brevedad era el lenguaje de esa comunicación específica: ¿Cuándo puede hablar?La respuesta llegó en cuatro minutos. Ahora si puede.Ximena llamó.
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