Ximena llamó a Marcos desde el auto, todavía en la colonia Polanco, con el motor encendido y el tráfico de la mañana moviéndose afuera de las ventanas con esa indiferencia perfecta de la ciudad ante cualquier cosa que ocurriera dentro de los vehículos que la habitaban. Había salido del departamento de Camila veinte minutos antes, con la confirmación que había ido a buscar y con el peso adicional de haber encontrado exactamente lo que esperaba encontrar, que era siempre más pesado que encontrar algo diferente porque lo diferente al menos tenía la ventaja de la sorpresa.Marcos contestó al segundo timbre, que era su ritmo habitual cuando estaba en el despacho y no en reunión.
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