El café que Elena preparó era el café de alguien que lo hace bien sin pensar demasiado en hacerlo bien: fuerte, sin azúcar, en tazas de cerámica blanca sin decoración que tenían el peso correcto en la mano. Lo sirvió con la naturalidad de quien ha preparado café para personas que llegaban a su apartamento durante suficientes años para que el gesto fuera completamente automático, y lo puso sobre la mesa de madera clara junto a la caja de documentos con la precisión de quien organiza el espacio de acuerdo con lo que va a ocurrir en él.Ximena tenía la caja entre las manos desde que Elena se la había entregado, con esa presencia que tenían los objetos que habían viajado desde 1962 hasta ese apartamento
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