Capítulo 85. Enojo injustificado.
Gavrel. El teléfono se estrella contra la pared antes de poder detenerme. El impacto resuena por todo el apartamento, aunque mi propia respiración consigue imponerse sobre el ruido. Permanezco inmóvil varios segundos observando las piezas esparcidas por el suelo. No es más que otro objeto roto. Uno que, a diferencia de los demás problemas de este día, puedo reemplazar con una llamada.Paso una mano por mi rostro, obligándome a poner orden dentro del caos. Funciona a medias, pero al menos consigo establecer prioridades. La primera tiene nombre y apellido. Encontrar a la Salvaje. Mi automóvil pienso cobrárselo hasta el último centavo. Y, de paso, recordarle que jugar conmigo jamás ha sido una idea inteligente.Todavía tiene el descaro de lanzarme a la cara que se acostó con otro.Si se refiere al Don nadie, solo espero que no haya gastado dinero en reconstruirse la cara. Porque así como lo desfiguré en Milán, va a volver a necesitar un cirujano cuando termine con él.La segunda priorid
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