El descanso no trajo alivio, solo tiempo suficiente para que el peso de lo ocurrido se asentara con más claridad en cada uno de ellos, como una herida que deja de arder para empezar a doler de verdad. El claro seguía en silencio, pero ya no era un silencio compartido ni neutro, sino uno cargado de todo lo que no se estaba diciendo, de cada pensamiento que ninguno quería poner en palabras pero que, aun así, se sentía presente en el aire, espeso, inevitable.Natalia no había dormido.Su cuerpo lo necesitaba, lo exigía con cada fibra, pero cada vez que cerraba los ojos, la imagen volvía con una precisión cruel: el impacto, el momento en que Sarah se interpuso, la forma en que su voz se desvanecía mientras todo a su alrededor seguía moviéndose. No había despedida real, no hubo tiempo para procesarlo, y eso era lo que más le dolía, no solo la pérdida, sino la forma en que habían tenido que dejarla atrás como si fuera una decisión más dentro de una cadena de supervivencia.Eldrin permanecía
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