POV: ElíasEl silencio en el pasillo de la mansión era sepulcral, interrumpido únicamente por el murmullo amortiguado de Clara y John dentro de mi habitación. Me apoyé contra la pared opuesta a la puerta de caoba, sintiendo que mis piernas, todavía débiles por las seis semanas de inactividad, temblaban bajo mi peso. Mi corazón latía con una cadencia pesada, no por el esfuerzo físico que me habían exigido evitar a toda costa, sino por el terror puro.Había vuelto a casa esperando poder tener redención, y me encontré con una tragedia que yo mismo, por mi ausencia y mi estupidez, había provocado.—Señor Anchorena —la voz del doctor George Evans saludándome me sacó de mi estupor.Evans subía las escaleras con su maletín, seguido de cerca por mi madre y Caterina. Leonor tenía el rostro desencajado, y Caterina no dejaba de retorcerse las manos. El médico entró en mi habitación sin esperar invitación. Me quedé afuera, contando cada segundo como si fuera un siglo, hasta que Clara salió con un
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