POV: MarianaNos separamos un momento y luego de mirarnos en la penumbra del auto por unos segundos, compartiendo el dolor y el terror sin necesidad de cruzar palabras, mi mente hizo clic, pensando.Como un relámpago iluminando un cielo nocturno en mi mente agotada, una memoria antigua me golpeó con la fuerza de una revelación divina.La tableta.Recordé una tarde específica, semanas atrás, en la sala de juegos de la mansión. Matías estaba teniendo un día difícil, aferrado a mi pierna, llorando porque tenía miedo de que yo me fuera a mi casa y no volviera al día siguiente. Para calmarlo, yo había abierto la aplicación de mapas en su tableta electrónica. Le había mostrado dónde estaba la mansión Anchorena en Palo Alto, y luego había deslizado el dedo por la pantalla hasta encontrar mi pequeño barrio. Le había dibujado un pequeño corazón rojo digital sobre la ubicación exacta de mi edificio.“Mira, Mati”, le había dicho con cariño. “Yo no vivo tan lejos. Estoy aquí, en este corazoncito.
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