Adeline miró la expresión rígida de Sienna y apartó la vista con frialdad. Ivy nunca había sido fanática de los diamantes, y el diseño de aquel collar era excesivamente llamativo, casi vulgar, como si estuviera diseñado para presumir riqueza reciente.A Courtney, la madre de Sienna, le encantaban los diamantes; cuanto más recargado fuera el diseño, mejor. Deseaba estar siempre envuelta en brillo para ser el centro de atención, y ese gusto había sido heredado por Sienna.Damian notó la reacción de Adeline, sonrió de forma enigmática y dijo: —Bueno, veamos si este otro regalo te gusta más.Ivy desenvolvió el segundo paquete. Era un collar de perlas. En cuanto Adeline lo vio, supo que Damian había elegido bien. A Ivy le fascinaban las perlas, y este collar, con su brillo profundo y elegante, era una pieza de una belleza clásica impecable.Aunque a Ivy le encantó, mantuvo su postura distante, frunció los labios y comentó: —Está bien.Damian sonrió levemente y miró a Sebastian. —Señor Harm
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