Después de salir del dormitorio, Adeline le contó a Maya sobre la situación. —En ese caso —dijo Maya—, las tres deberíamos elegir un regalo bonito y caro para Ivy. Si no fuera por ella, no habríamos conseguido el proyecto del Grupo Harmon. Adeline estuvo de acuerdo. Leo, frunciendo el ceño, intervino con timidez: —¿Y qué debería comprarle yo? No tengo ninguna experiencia comprando regalos para chicas. Maya sonrió con picardía. —¿Leo, es que nunca has perseguido a una chica? Leo se quedó paralizado un segundo; sus orejas se pusieron rojas de inmediato y desvió la mirada hacia Adeline. Maya no perdió la oportunidad de bromear: —¡Oh, por Dios, Leo! Tienes las orejas encendidas. Jaja, nuestro Leo es tan guapo que seguro que son las chicas quienes lo persiguen a él. ¿Cómo iba a tener experiencia en conquistarlas? Adeline sonró con dulzura. —Vamos, no te burles de él. Leo, a Ivy le encanta el buen beber. Deberías regalarle una botella de vino de alta gama. —Está bien, haré eso —asintió
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