El dieciséis de abril llegó otra vez, como llegaba cada año con la puntualidad indiferente del calendario, y Karla lo recibió esta vez con una claridad diferente a la del año anterior — no porque hubiera menos que pensar sino porque había aprendido, en los doce meses transcurridos, a pensar las cosas sin necesitar que produjeran ni crisis ni euforia, solo la consideración honesta que merecían.Cuarenta y seis años.Se sentó en la cama esa mañana, todavía con Maxton dormido
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