Karla llevaba semanas pensando en cómo hacerlo — no si hacerlo, que ya lo había decidido, sino cómo. La diferencia entre las dos preguntas era importante: la primera era de ética, la segunda era de amor.Había formas de contar esta historia que podían hacerse sin amor y que de todas formas serían verdaderas — la secuencia de hechos, las fechas, los contratos, los números que habían movido de una cuenta a otra. Y había formas de contarla que solo eran posibles con amor, que era la única manera en que Karla podía contarle a Rubi lo que había sido sin que se convirtiera en algo que le pertenecía a Karla y no a ella.
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