La primera señal fue el azúcar.Isabel pedía siempre lo mismo en la cafetería donde se reunían — el café solo, sin nada, con esa rotundidad de quien ha hecho una elección y no necesita revisarla cada vez. Cuatro años de cafés regulares y el pedido era siempre el mismo, pronunciado con la seguridad de lo habitual.Ese martes de febrero, Isabel pidió café con azúcar.Karla lo notó en el momento en que el mesero lo repitió para confirmar, y en el segundo que Isabel
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