El cardiólogo hablaba con la cadencia específica de quien ha dado malas noticias suficientes veces como para haberlas calibrado — no demasiado suaves, que producen malentendidos, ni demasiado directas, que producen pánico — y lo que describía no era urgente pero tampoco era nada.Una irregularidad en el ritmo cardíaco. Detectable en el electrocardiograma pero no en el pulso normal. Presente probablemente desde hace tiempo, quizás años, pero sin síntomas que hubieran llamado la atención de nadie. No requería intervención inmediata. Requería monitoreo, ajuste de medicación preventiva, cambios en la dieta, reducción del estrés
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