La llamada llegó a las siete y diecisiete de la mañana de un jueves de noviembre, cuando Maxton estaba todavía en la ducha y Karla estaba en la cocina con el café recién hecho y la mente en el horario del día — primera sesión a las nueve, reunión con Chen al mediodía, algo que recoger en la farmacia de camino a casa. El teléfono de Maxton vibró sobre la isla, y Karla lo vio sin tocarlo, con ese instinto específico de quien ha aprendido que los teléfonos ajenos que suenan temprano a veces traen cosas que cambian el día entero.Vio el nombre en la pantalla: Elena.
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