La marcha hacia la Ciudadela del Sol se realizaba bajo un cielo que Bella había reclamado. El sol, aunque presente, era una mancha pálida tras un velo de ceniza violeta. Mientras los Susurradores y los Olvidados avanzaban a un ritmo incansable, Bella y Kaelen cabalgaban al frente, en un silencio sepulcral que solo era roto por el crujir de la maleza.—Nunca pensé que vería a una Eclipsada con un cachorro de la estirpe de Lucas —dijo Kaelen de repente, rompiendo el hielo. Su mirada estaba fija en Leo, que dormitaba sobre el lomo de un lobo de bronce gigante, protegido por hilos de sombra.—Él no es de la estirpe de Lucas —respondió Bella, con una frialdad que helaba la sangre—. Él es mío. Nació del dolor y de la oscuridad de ese acantilado. Lucas solo fue el error que me llevó hasta allí.Kaelen soltó una risa ronca.—El Abismo hace eso con las personas, Bella. Yo también perdí a mi familia cuando el padre de Lucas nos traicionó. Nos empujaron a las cuevas donde no hay luz, esperando q
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