POV ElíasLos lunes a las siete de la mañana, mi cerebro suele ser una hoja de cálculo perfectamente tabulada. Costes, plazos, reuniones, hormigón y acero.Hoy, mi cerebro es un puto caos de sábanas revueltas y olor a almendras dulces.Estoy de pie frente al espejo de cuerpo entero del vestidor. Llevo puesto un traje azul marino de corte milimétrico, camisa blanca impecable y una corbata de seda que estoy intentando anudar por tercera vez. Mis dedos, que ayer trazaban el mapa del cuerpo de la mujer que duerme a tres metros de mí con una precisión quirúrgica, hoy son incapaces de hacer un simple nudo Windsor.Suspiro, frustrado, y dejo caer los brazos.A través del reflejo del espejo, veo la cama inmensa de la habitación.Mara está hundida entre las almohadas. Duerme bocarriba, con un brazo estirado hacia mi lado vacío del colchón y la sábana blanca enredada en la cintura. La luz grisácea del amanecer madrileño se filtra por el ventanal, delineando la curva suave de sus hombros desnudo
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