C28. No te pertenezco y mi bebé tampoco
[EVA]—Estas muy bonita. Un poco más delgada...—Y más tranquila.—Sí, ya no eres aquella chiquilla castrosa y rebelde que odiaba seguir las reglas e ir contra la autoridad.Bajo la mirada y juego con el césped, un poco entre avergonzada y nostálgica. Mirta, una mujer de 65 años, cabello teñido por las canas, ojos azules, piel blanca y sonrisa cálida, y Elena, una mujer más joven, de 40 años, cabello de color azabache y rizado, piel morena y mirada dulce, me recuerdan a como era cuando estaba en el orfanato. Era la chica que no se dejaba de nadie, que peleaba por las injusticias, que decía las verdades en la cara y a quien le sobrepasaba la curiosidad. Ellas me conocieron mejor que nadie. Me cuidaron durante todos los años que estuve en aquel lugar y me protegían de los regaños de la directora cada vez que hacía una travesura.—El orfanato se sintió un poco vacío después de que te fuiste —remató Elena a mi sensibilidad—. Aunque al año de tú haberte ido, nos cayó la sorpresa de que Eri
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