Stvros sonreía mientras miraba a través del vidrio a sus hermosos nietos: un par de niños iguales a su madre.—Son hermosos, hijo —dijo el, mientras una lágrima se deslizaba por su mejilla. —Lo son, papá. Deberían ir a descansar. Dakota necesita dormir —respondió Alekos. —Está bien, pero volveré má
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