Era astuta, sabía manipular las cosas a su favor. Seguramente había editado la cara de Maya en esas imágenes antes de enviárselas.En lugar de seguir dándole vueltas al asunto, dejó su teléfono en la mesa auxiliar y encendió el televisor. Quería relajarse, pero Zoé ya le había arruinado la noche.Se recostó en la cama mientras esperaba su pedido. Sus ojos estaban fijos en la pantalla, pero su mente seguía ocupada en todo lo que había sucedido.Unos minutos después, el timbre de la puerta sonó. Se levantó, tomó su pedido, pagó y, sin perder tiempo, sirvió un poco de vino en una copa antes de volver a la cama.De repente, recordó aquellas noches en las que él y Maya bebían juntos o iban a un club nocturno en sus días libres.Suspiró profundamente.Pronto, todo volvería a ser como antes. Estaría con Maya y se aseguraría de que Zoé desapareciera de sus vidas. Ya no cometería el mismo error de antes, cuando ignoró a su esposa solo para hacer sentir cómoda a Zoé.Sacudió la cabeza. No podía
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