El deseo de atraer a Beth hacia él, de reclamarla como suya, ardía en su interior. Pero la promesa que había hecho, el voto de mantener su matrimonio en secreto, lo frenaba. No podía actuar por impulso y arriesgarse a molestarla. Sin embargo, verla con Ryan, un hombre que sabía que sentía algo por ella, era una auténtica tortura.
Ajeno a la tensión que se cocinaba bajo la superficie, Ryan se lanzó con su discurso.
—Así que, sobre este proyecto...
Alexander lo interrumpió levantando una mano.