La llamada a Harrison fue a las siete de la mañana.Evelyn no durmió más de dos horas. Nathan tampoco. Se notaba en la manera en que sostenía el café, con ambas manos, como si necesitara el calor en los dedos para no perder el hilo de algo.—Necesito que vengas —dijo Evelyn cuando Harrison contestó—. Y necesito que traigas a Claire.Silencio breve al otro lado.—¿Esta mañana?—Esta
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