Capítulo 115. Difícil de manipular.
Cuando Adrian llegó para almorzar, los encontró aún en la salita del primer piso. Max seguía interrogando a Elena sobre lo sucedido con la empresa de su padre cinco años atrás, curioso por la relación de ella con la mujer fallecida, mientras Theo y Leo se afanaban en recortar tarjetas para su próximo juego de pistas.Este, de forma significativa, trataría de un crimen ocurrido sobre un barco carguero donde se distribuía droga escondida dentro de frascos de medicina. Caso que un detective, disfrazado de operario del barco, investigaba.Adrian se sorprendió al ver los dibujos y los primeros esquemas del juego, y escuchar la explicación de sus hijos sobre las reglas que aún desarrollaban.—Cuánta creatividad —exclamó sorprendido cuando se dirigían al comedor.—Los estoy apoyando porque prefiero que ocupen su mente en el juego y no en las mentiras y exageraciones que se están diciendo en las noticias —dijo Elena—. Escuchar o leer sobre esas cosas los entristece, porque comienzan a mezclar
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