—Arien… —La escuche…escuchaba a Ithiliel susurrando mi nombre. Aquella voz maravillosa, me conmovió, y mis sentidos, parecieron nublarse por completo. En aquel momento, la tomé entre mis brazos, sintiendo como ella acariciaba mi masculinidad dolorida y hambrienta, con la torpeza de una hermosa virgen.El amor, era un sentimiento complicado, medité, mientras sentía las pequeñas y delicadas manos de Ithiliel acariciándome entero. En lo seres humanos, aquel sentimiento solía durar un instante, pues cambiaban de amores como los árboles cambiaban sus envestiduras durante cada estación, de la primavera al invierno, sus corazones cambiaban de dueño sin atarse jamás realmente a nadie, viviendo tan deprisa, pues así de cortas, así de pasajeras, eran sus vidas.Para nosotros, los inmortales y semi-inmortales, el amor no era pasajero; solo ocurría una vez en nuestra longeva existencia, y, por ende, no entregamos jamás nuestros afectos a cualquiera. En aquel momento, lo entendí.Aquel aroma que
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