Por la mañana, Emmanuel De León, fue a la villa Volkov, a recoger a su hijo. Angela y él ya extrañaban a su bodoque, y él los extrañaba a ellos. El CEO Volkov, Domenica, y los niños, desayunaban mientras daban papilla a los bebés. Domi alimentaba a Emir, y Lenin, a Leo. — Buenos días, ¿Cómo se ha portado mi campeón? — El apuesto Emmanuel había sido pasado por la mucama. — ¡Super bien, Emir, es un bebé muy bien portado! ¿Cierto Lenin? — No lo sé, me levantó por la madrugada, lloró bastante y me hizo arrullarlo por al menos hora y media. Tienes muy mal acostumbrado a este niño, De León. — ¡Pa... pa...! — Emir, apenas vió a su padre quiso que lo cargara, ya estaba comenzando a tomar aire para ponerse a llorar. — Ven aquí campeón, papá te va a llevar a casa, tu madre está que llora por ti, creo que te extraña demasiado. — Emir, son los ojos de Angela, lo quiere muchísimo, si te descuidas un poco Emmanuel, este niño te va a bajar de tu propia cama. — Lo sé, por eso lo
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