Desde que llevaron a Lucía a Monte Sereno, no había hecho más que comer. A la hora de la cena, Tamara fue a verla.—Veo que estás comiendo bien. Ahora que tienes a alguien que te cuide, me quedo más tranquila.En su empresa también tenía un montón de asuntos pendientes.Durante esos días, su padre le había pedido que se hiciera cargo de la empresa, así que estaba hasta el cuello de trabajo.Antes no sabía que Lucía tenía un hermano mayor, así que había dejado organizadas a las empleadas de la casa para que cuidaran de ella.Ahora que veía que estaba tan bien atendida, por fin podía quedarse tranquila.—He pasado todo el día comiendo. Ya ni siquiera tengo hambre.—Aunque no tengas hambre, tienes que comer. Estás en recuperación después del aborto y necesitas cuidarte bien. Hay quienes ni siquiera tienen cabeza para cuidar de sí mismas.Se refería a Jenifer.A esas alturas, Jenifer no había probado ni una gota de agua en todo el día. Isabel, que hasta entonces la había consentido tanto,
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