PUNTO DE VISTA DE ELARAMe despierto en mi propia cama, sintiéndome un poco confundida porque lo último que recuerdo es estar sentada con Sebastián al piano, con su cabeza apoyada en mi hombro, compartiendo un momento tranquilo bajo la luz de la luna. Alguien, probablemente Sebastián, debió despertarme y llevarme de vuelta a mi habitación. Esa idea me produce una sensación cálida y complicada en mi interior.Todavía estoy procesando lo que pasó anoche, todavía tratando de entender qué cambió entre nosotros en esa sala de música, cuando suena mi teléfono.Es mi madre.Miro fijamente su nombre en la pantalla, debatiéndome entre ignorarla o no. Pero tres días de silencio por su parte es algo inusual, y mi curiosidad, o tal vez un sentido del deber profundamente arraigado, me hace contestar la llamada.—Hola, mamá —digo.—Por fin —responde ella, con un tono tan agudo que parece cortar el aire—. Llevo días intentando localizarte. ¿A qué estás jugando, Elara?Sin saludar. Sin fingir preocu
Leer más