—Sé que sí —respondí depositando un suave beso en sus labios—. ¿Cómo te sientes? —le pregunté en un murmullo, llevando mis manos a sus hombros desnudos. La piel le quemaba. —Bien —murmuró, pasándose la lengua por el labio inferior antes de clavar esos ojos oscuros en mí—. Mejor, supongo. Se siente raro no tener que inventar una historia sobre dónde estuve mañana por la mañana. —Se siente bien, ¿no? —sonreí, inclinándome para dejarle otro beso corto en la comisura de los labios. —Se siente perfecto —corrigió Keydan, sujetándome firme de la cintura para pegarme un segundo más a su pecho antes de soltar un suspiro pesado—. Será una de las últimas pelea, Ayla. Cade y yo acordamos que esta será una de las últimas. Un alivio enorme me recorrió la columna vertebral. Saber que en algún momento ya no habría más noches de angustia ni heridas que ocultar era el mejor regalo que podía pedir. —Entonces ve ahí y termina con esto —le dije con firmeza, mirándolo a los ojos—. Te voy a estar esper
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