Alaric se quedó atónito.Estudió a Cassandra en silencio, con su mirada firme fija en ella, buscando algo debajo de la superficie calmada que ella presentaba con tanto cuidado. Al principio, no podía entender cómo podía estar allí sentada, compuesta, aceptando todo como si nada estuviera mal.Luego, lentamente, empezó a tener sentido.Sinclair le había arrebatado la confianza pedazo a pedazo, y mucho antes de eso, su propia familia ya había sentado las bases. Aurelia siempre había sido la mejor. La más guapa. La más inteligente. La que asumía responsabilidades y el negocio familiar mientras Cassandra permanecía en silencio en segundo plano, queriéndolos lo suficiente como para no cuestionar nada.A Cassandra nunca le habían enseñado a dudar de ellos.Por eso, incluso ahora, cuando ella y su hija enferma eran relegadas al rincón más alejado del salón con la excusa de proteger a un recién nacido, lo aceptaba sin protestar. La lógica era defectuosa, casi insultante, pero ella se sentaba
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