Aquella noche terminó siendo más tranquila de lo que cabría esperar. Después de todos los secretos que se habían desvelado, sobre el pasado, sobre las heridas y sobre la traición, Serafina debería haberse sentido destrozada. Sin embargo, curiosamente, no fue así. Al contrario, se sentía completa. Como si una parte de ella que había estado perdida durante tanto tiempo hubiera vuelto por fin a su lugar original.Dante se durmió más rápido esa noche, o al menos, fingió dormir. Eso es lo que pensó Serafina. Lo notaba por la respiración demasiado regular de Dante, por su brazo que seguía rodeando su cintura, como si temiera que, si la soltaba aunque fuera un poco, Serafina se iría y volvería a desaparecer de su vida.Serafina esbozó una pequeña sonrisa en la oscuridad de su habitación. No se iría. Nunca más. Lentamente, se liberó del abrazo de Dante, con mucho cuidado de no despertarlo. Se sentó en el borde de la cama, en silencio y tranquila, pero no en sus pensamientos.La mano de Serafi
Ler mais