Sin vacilar, Gael inclinó la cabeza en una reverencia respetuosa mientras Damián acortaba la distancia entre ambos.—Joven Damián —pronunció con tono formal—, lamento que haya tenido que intervenir en lo sucedido en el salón principal durante la fiesta de compromiso, pero le agradezco sinceramente su disposición para mediar en ese momento.Cuando Damián quedó frente a él, lo suficientemente cerca como para percibir su respiración acompasada, le respondió.—No es necesario que inclines la cabeza ante mí.Gael fue alzando el rostro lentamente, obedeciendo la indicación, hasta que sus miradas se encontraron.Permaneció así unos segundos, observando el semblante del heredero. Damián estaba serio, imperturbable, y su expresión resultaba difícil de descifrar; no había en ella señales claras de molestia ni de indulgencia.Esa ambigüedad inquietó ligeramente a Gael, que no estaba acostumbrado a no poder anticipar el ánimo de su interlocutor.Aun así, volvió a bajar la vista con respeto.—Serí
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