Gael continuaba hablando con la misma firmeza didáctica. Mientras lo hacía, se movía ligeramente sobre él para ilustrar el desplazamiento correcto del peso.
Ese leve movimiento fue suficiente.
Damián cerró los ojos durante un par de segundos, como si intentara recomponerse. Cuando los abrió de nuevo, sentía que su cuerpo reaccionaba sin pedirle permiso. La presión sobre su cadera, el roce inevitable cada vez que Gael ajustaba la postura, todo intensificaba la respuesta que ya era imposible de e