…RILEY..Intenté formar las palabras, dar voz al pánico que me subía por la garganta.—Soren, espera, ¿y si…?No me dejó terminar. No quería oírlo. Sus manos estaban sobre mis hombros, empujándome hacia abajo, una orden tan innegable como la gravedad. Me deslicé del escritorio y mis rodillas golpearon la mullida alfombra de la oficina con un golpe suave.Lo miré desde abajo, con la oscura promesa en sus ojos. Se estaba desabrochando el cinturón, el roce del cuero resonando fuerte en el silencio de la habitación.La cremallera bajó con un siseo y se liberó. Su polla saltó hacia afuera, gruesa y surcada de venas, ya brillante en la punta. Pulsaba al ritmo de su corazón, una visión primitiva y exigente.La agarró con el puño, con fuerza, y golpeó la cabeza enrojecida contra mi mejilla. El calor de él, el aroma almizclado y familiar de su piel, me hizo salivar.—Abre —ordenó, con la voz ronca y baja.Separé los labios y él no esperó. Empujó hacia adelante, más allá de mis labios, hasta el
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