~ALESSIA~ Sin esperar una respuesta de mi parte y sin molestarse en añadir una sola palabra más, Maksim se dio la vuelta y se marchó en dirección a su despacho, como si mi presencia fuera algo que simplemente debía obedecerle por inercia. Lo observé alejarse con la mirada, sintiendo esa punzada conocida de fastidio que siempre lograba sacarme con su manera de hacer las cosas, como si los demás estuviéramos obligados a obedecerle. Por un instante, me vi tentada a no ir, a dejarlo allí, esperando, que se consumiera en su propia cólera, que se tragara su orgullo y aprendiera que las cosas no se ordenan, se piden de buenas maneras. La idea me resultó tentadora, demasiado tentadora, pero no me dejé llevar por ese impulso. Respiré hondo, obligándome a pensar con claridad, porque algo en su tono, en su manera de hablar, me decía que lo que tenía que decir no era cualquier cosa. Además, tampoco era momento de tensar la cuerda más de lo necesario; había que saber cuándo empujar y cuándo ce
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