Al caminar por los pasillos, notaba las miradas de las enfermeras y el personal. Los cuchicheos lo seguían: historias exageradas sobre el esposo devoto que nunca fallaba, relatos románticos que lo pintaban como un héroe de novela. Dereck no les prestaba atención; para él, no había heroísmo en estar allí, solo la necesidad vital de respirar el mismo aire que su esposa.Al llegar a la habitación de Isabella, extendió la mano hacia el pomo de la puerta, pero esta se abrió de golpe desde el interior.Valeria salió disparada, deteniéndose en seco al verlo. Su rostro se contrajo en una mueca de fastidio inmediato.—Maldita sea mi suerte —masculló ella por lo bajo, apretando los dientes—. Lo que me faltaba para arruinarme la mañana: toparme contigo.Dereck soltó un suspiro cans
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