«¿Quieres esto?». Su voz era un gruñido, áspero y profundo, vibrando a través de mí.«Sí», susurré, luego más fuerte y sin vergüenza: «Sí, lo quiero. Quiero que me folles, doctor».Sus ojos se oscurecieron y sin otra palabra, se deslizó más abajo, presionando su polla contra mi entrada empapada. Temblaba, observando cómo su polla gruesa empujaba contra mí. Giró alrededor de mi coño con la punta, untando mi humedad, provocándome hasta que lloriqueaba.Entonces, solo la cabeza se deslizó dentro. Mis paredes se cerraron al instante.«Jodeeeer», gemí, la cabeza cayendo hacia atrás. El estiramiento ardía, pero era delicioso, y cuando salió, casi sollocé por el vacío.«Por favor…», supliqué, la voz rota.Sin aviso, se hundió en mí de golpe, enterrando su polla en mi coño con una embestida brutal.«¡Aahhh…!». Grité, mordiéndome el labio para amortiguar el sonido. El ardor del estiramiento, la forma en que mi cuerpo se abría alrededor de él, me hizo arañar la camilla.Sus manos se cerraron en
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