SarahLos primeros rayos de luz del sótano se filtraban a través de la neblina de humo de cigarrillo, proyectando sombras largas sobre el suelo de hormigón. Me quedé en la esquina, la espalda pegada a la pared fría, el corazón latiéndome con fuerza mientras observaba al grupo de hombres recorrer la habitación.Me habían invitado aquí con la excusa de una fiesta privada, prometiendo bebidas y risas, pero el aire se sentía espeso con algo más oscuro, algo que me erizaba la piel.Uno de ellos, Jay, el más alto, con tatuajes serpenteando por los brazos, fue el primero en captar mi mirada. Sonrió y me tendió un vaso de whisky.—Relájate, Sarah —dijo, con voz baja y áspera. Bebí un sorbo de todos modos, el calor extendiéndose por mi pecho, amortiguando los bordes de mis nervios. Los otros… Jerry con la cabeza rapada, Tony delgado y con una sonrisa burlona, se unieron, sus manos rozando mis hombros, mi cintura, mientras reían por algún chiste interno que no entendía.Jugamos a las cartas en
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