Atem colapsó en brazos de Naia mientras visiones de violencia y dominación inundaban su mente, el fragmento de Apep transformada anidándose en su consciencia como parásito que se alimentaba de cada miedo, cada inseguridad, cada impulso oscuro que había reprimido durante toda su vida.La primera visión llegó con la fuerza de un maremoto. Sus manos rodeaban el cuello de Takumi, apretando hasta que los ojos del príncipe de Mu se vaciaban de vida. La sangre corría entre sus dedos. El cuerpo se desplomaba a sus pies. Y lo peor, lo absolutamente aterrador, era la satisfacción que sentía en el pecho. El alivio. Finalmente solo mío, susurraba una voz que sonaba exactamente como la suya propia.—Atem. —La voz de Naia sonaba distante, filtrada a través de capas de oscuridad—. Atem, mírame.Pero él no podía. Porque la segunda visión ya ha
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