La palabra sale de sus labios con la suavidad de la seda. Pero es evidente que, si bien su voz dice una cosa, sus ojos dicen otra.Me doy cuenta de que no se cree mi mentira de que lo vamos a dejar atrás, ni por un segundo. Mi postura es rígida, hombros rectos, brazos cruzados. «Entonces hemos terminado».Otra leve sonrisa burlona, de esas que dicen —esto es solo el comienzo—, de esas que me dan ganas de besarlo y sacarle los ojos a partes iguales.Su tono es bajo, mesurado, como si todo esto no fuera más que una reunión de negocios rutinaria. Casi me río de él. Sus palabras son tan absurdamente educadas, tan impropias de él, que casi parecen una broma. Percibo un brillo en sus ojos, una orden disfrazada de cortesía, un pequeño tirón de la correa, incluso mientras finge dejarme libre.Aun así, para Sasha Orlov, esto supone un progreso.Abro un poco la boca intentando encontrar la respuesta adecuada, pero no se me ocurre nada. Por no mencionar que ya está a medio camino de la puerta,
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