Scarlett AshfordLas lágrimas finalmente se detuvieron, no porque el dolor hubiera disminuido, sino porque mi cuerpo simplemente se quedó sin humedad que expulsar. Me senté en el suelo de la Suite Azul, con el polvo posándose a mi alrededor, agarrando la pequeña botella con tanta fuerza que la tapa de plástico se me clavó en la palma de la mano.Me quedé mirando la botella. No tenía nada de especial, era un envase estándar de farmacia sin etiqueta, solo con una fecha garabateada con rotulador negro. Lo tengo, pensé, pasando el pulgar por su superficie lisa. ¿Y ahora qué?No conocía a ningún médico. No podía entrar en un hospital y pedir un análisis toxicológico sin que Preston se enterara. Si se lo entregaba a la persona equivocada, no sería una prueba, sería mi sentencia de muerte.Necesito un aliado, me di cuenta, y una ola de desesperanza me invadió. Necesito a alguien fuera de este círculo, alguien que odie a los Blackwell tanto como yo.¿Pero quién? Llevaba muerta diez años. Los
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