Scarlett AshfordDurante la siguiente hora, aquello fue un auténtico circo. Nina se probó tres vestidos diferentes, cada uno más escandalosamente caro y elaborado que el anterior. Desfilaba alrededor del pedestal con espejos, chasqueando los dedos a las asistentes para que le ajustaran la cola, quejándose de la iluminación y disfrutando al máximo de toda la atención que le prestaban.Finalmente, salió del probador con un enorme y espectacular vestido de gala confeccionado íntegramente con capas de tul francés y un intrincado bordado de perlas cosido a mano.Las asistentes exclamaron al unísono, colmándola de elogios aduladores.Nina subió al pedestal, contemplando su reflejo en los espejos que iban del suelo al techo. Estaba preciosa, sin lugar a dudas, pero la fea y podrida arrogancia de su alma arruinaba por completo la imagen.Giró la cabeza y sus ojos oscuros se clavaron en mí, sentada en el sofá. —¿Y bien? —preguntó Nina, poniéndose una mano en la cadera—. ¿Te vas a quedar ahí se
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