CAPÍTULO 100Fernando había vaciado los cajones de su escritorio hacía una hora, triturando documentos comprometedores y guardando solo lo esencial: su pasaporte, un boleto de avión en primera clase con destino a las Islas Maldivas y una memoria USB encriptada con los accesos a sus cuentas en el extranjero.La conversación con Lucía en el despacho presidencial había sido el último clavo en el ataúd de su vida anterior. Ella lo había rechazado con una indiferencia que le dolió en el ego, sí, pero que también lo liberó.Ya no tenía que fingir. Lucía era inalcanzable, una reina en su torre de marfil protegida por su dragón millonario. Y él... él estaba cansado de ser el peón.— Que se queden con su empresa y sus auditorías —murmuró, subiendo a su coche deportivo, el único lujo que había decidido conservar hasta llegar al aeropuerto.Sabía que el tiempo corría en su contra. Sabía que tarde o temprano encontrarían los agujeros financieros que él había cavado en las cuentas personales de Ro
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