Mis ojos se abrieron lento, la luz me pegó y me ardió la vista, parpadeé varias veces intentando enfocar, la garganta seca, el pecho pesado, como si me hubieran apagado por meses… o más.Quise moverme y el cuerpo no respondió bien, estaba entumecido, rígido, respirar dolía, un dolor sordo se quedaba instalado en el pecho, y entre ese dolor se coló un sonido, un pitido primero, luego un ritmo mecánico constante.Noté mi brazo izquierdo, pesado, conectado a un suero, el tubo transparente bajaba desde arriba y desaparecía fuera de mi vista, y antes de que hiciera algo una voz me frenó, tranquila pero firme.—No te muevas, aún estás demasiado débil.El hombre estaba cerca, de mediana edad, ojos grises, una calma rara en la cara, demasiado tranquila, como si ya supiera lo que yo todavía no entendía, me miró un segundo y habló suave, sin apuro.—Tranquila, estás a salvo.Busqué a Claudio con la mirada y no estaba, la habitación era amplia, gris, limpia, sin el caos típico de un hospital…Él
Ler mais