El caos duró apenas unos minutos, pero en la memoria de todos se sintió eterno.Las enfermeras irrumpieron en la habitación con rapidez quirúrgica, desplazando cuerpos, separando emociones, imponiendo orden donde segundos antes solo había amor, miedo y confesiones a medio decir. Doña Alba fue atendida de inmediato; oxígeno, camilla, indicaciones cortas y firmes. No perdió el conocimiento por completo, pero su cuerpo exigía atención, descanso… silencio.Naomi se quedó inmóvil, con una mano aferrada al respaldo de la silla y la otra protegiendo instintivamente su vientre. Todo lo que había ocurrido —las palabras de Derek, su declaración desnuda, la rodilla en el suelo— quedó suspendido en un limbo extraño, como si la realidad hubiese decidido postergar cualquier respuesta.Derek fue apartado con cuidado, pero sin concesiones. Una enfermera le colocó de nuevo el suero, otra revisó su presión. No opuso resistencia. Ya no tenía fuerzas para eso. Estaba pálido, exhausto, vulnerable de una f
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