CAPÍTULO 192— Volver a verlas (Parte 1) El sonido de la puerta al cerrarse fue suave… pero en el pecho de Cristian retumbó como un golpe seco. No se movió. Se quedó sentado en el sillón donde lo habían dejado, inclinado apenas hacia adelante, con los codos apoyados sobre las rodillas y las manos entrelazadas con fuerza. Los dedos estaban tensos, blancos en los nudillos, como si intentara sujetar algo invisible que se le estaba escapando. Los lentes oscuros cubrían sus ojos, pero no lograban ocultar el temblor irregular de su respiración. El silencio que quedó tras la partida de Mía y Luz no era un silencio normal. Era pesado. Denso. Como si el aire mismo se hubiera detenido en la sala. Carolina no lo soltaba. Sus brazos rodeaban a su hijo con esa firmeza antigua de las madres que han aprendido a abrazar incluso cuando no saben cómo arreglar lo que duele. Su mano se movía lentamente sobre la espalda de Cristian, en círculos pequeños, repetidos, como cuando él era niño
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