Crescent Me quedé allí en la sala del trono, con el brazo de Vann apretado alrededor de mi cintura, su beso aún ardía en mis labios. Los vítores resonaban en mis oídos, fuertes y salvajes, pero mi mente seguía volviendo a Danish. Su rostro estaba retorcido: rojo, furioso, confundido todo a la vez. Parecía que alguien le había dado un puñetazo en el estómago y no sabía si devolver el golpe o huir.Siempre había pensado que Danish era el joven del consejo. El callado. El inocente. Sonrisas educadas, palabras suaves, siempre intentando mantener la paz. ¿Pero ahora? El odio emanaba de él. Denso. Afilado. Lo sentía hasta en los huesos, como agua fría deslizándose por mi columna. Odiaba a Vann. Realmente lo odiaba, y no era solo molestia ni celos por el poder. Esto era antiguo. Personal.¿Por qué?¿Qué no sabía yo?La mano de Vann apretó mi costado, como si pudiera sentir mis pensamientos. Se inclinó, sus labios rozando mi oído. “¿Estás bien?”Asentí. Sonreí para la multitud. Pero por dent
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