Cuando despiertas el día antes de una misión suicida contra un ancestro inmortal en una fortaleza rodeada de ciento cincuenta guardias para rescatar sesenta y ocho niños con cerebros lavados, y la única certeza es que muchos no volverán, aprendes que las últimas palabras importan más que las primeras balas. El tercer día amaneció en la instalación sin que nadie hubiera dormido realmente. Victoria había pasado las horas mirando el techo de su habitación en la isla, contando respiraciones, intentando calmar el martilleo constante de su corazón. A su lado, Alejandro permanecía despierto también, sus dedos entrelazados con los de ella en la oscuridad, sin necesidad de palabras.Dieciocho días de entrenamiento infernal. Dieciocho días de preparación imposible para lo que Volkov había llamado, con su franqueza brutal caracter&iacu
Leer más