Acercó a Rocío hacia adelante y le cubrió los ojos con las palmas de las manos desde atrás para evitar que viera nada mientras la conducía al garaje.—¿A dónde vamos? —preguntó Rocío, su corazón latía con nerviosismo. Se preguntaba a dónde iban, por la brisa fría que tocaba su piel, sabía que todavía estaban afuera. Por mucho que confiara en Chris, no le gustaba no ver adónde iba.—Relájate nena, te tengo. Solo un poco más y ¡aquí estamos! —Chris dijo, pero aún ahuecó los ojos de Rita, su cálido aliento estaba abanicando su cuello, enviando deliciosos escalofríos arriba y abajo de su columna.—Vale, cariño, quiero que intentes adivinar cuál es tu regalo.Rocío frunció el ceño tratando de pensar en cuál podría ser el regalo. Habían caminado un rato y entraron a una espaciosa y fría habitación, ella aún no podía adivinar cuál era el lugar.—Eh... ¿un perro? —Rocío dijo vacilante haciendo que Chris se riera a carcajadas.—¡Oh, no cariño! Inténtalo de nuevo —dijo, plantando un beso calien
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